Construir habitar pensar / David Guarnizo

Construir habitar pensar

David Guarnizo

del 27 de abril al 18 de mayo de 2022

Sala de Proyectos  

Construir habitar pensar

David Guarnizo

El filósofo alemán Martín Heidegger en su ensayo Construir, habitar, pensar, revisa mediante un análisis etimológico el uso de la palabra “construir” a lo largo de la historia. Plantea que del término alemán bauen (construir) derivan dos significados: cuidar (collere, en latín), que traduce “cultivar aquello que naturalmente crece y da frutos”, y edificar (del latín aedificare) que significa “edificar lo artificial, aquello que no está y que es necesario”.  Heiddeger nos advierte que actualmente el uso de la palabra “constuir” tiende a concentrarse sólo en edificar cosas artificiales y mayoritariamente innecesarias, dejando el cuidado de lo natural gradualmente en el olvido. La forma en que los seres humanos habitamos la tierra se torna cada vez más artificial, poniendo en riesgo nuestro ecosistema natural, ancestralidad, ritualidad, y raíces. 

¿Qué relación existe entre los actos de habitar, cuidar, construir y dibujar?

Para el hombre primitivo, el territorio natural era un espacio irracional, casual, e incierto, que tenía atributos mágicos y chamánicos. Deambulaba de manera errática en búsqueda de alimento y recursos básicos para la supervivencia. Sin embargo, a partir del paleolítico, los hombres empezaron a pensar territorio para cuidar de sí mismos, pasando de lo caótico a un ordenamiento inicial guiado por dos direcciones básicas: la de la línea de horizonte, y perpendicular a ésta, la del recorrido de dos puntos luminosos: el sol y la luna. Verticalidad y horizontalidad, puntos y líneas sobre planos y espacios. Desde tiempos inmemoriales los elementos del dibujo construyen y constituyen nuestras miradas del cosmos mientras cuidan de nuestra naturaleza, raíces y ritualidad.

En las cuevas de Lascaux ubicadas en Francia, hace miles de años, los hombres prehistóricos realizaban pinturas rupestres dentro de oscuras cuevas a la luz del fuego, al igual que sucedió en los hipogeos de Tierradentro en Colombia. Dibujando líneas sobre paredes rocosas, los hombres prehistóricos preservaban sus prácticas mágicas y rituales. Simultáneamente, las pinturas rupestres dentro de las cuevas representan un artificio altamente sofisticado, que prevalece hasta la actualidad y nos permite conocer un rasgo fundamental de esos primeros hombres, nuestros ancestros.

Registro realizado por la Oficina de Comunicaciones y Gestión Cultural, Facultad de Artes y Humanidades, Universidad de los Andes.