Mis Zapatos Parecen Ataúdes// Laura Escobar, Linda Pongutá, Sebastán Mira y Mario Santanilla

Mis zapatos parecen ataudes

4 -25 de abril de 2018.

Laura Escobar, Linda Pongutá, Sebastán Mira y Mario Santanilla

Sala de proyectos

 

Cambios de Nombre

A los amantes de las bellas letras

Hago llegar mis mejores deseos

Voy a cambiar de nombre a algunas cosas.

 

Mi posición es ésta:

El poeta no cumple su palabra

Si no cambia los nombres de las cosas.

 

¿Con qué razón el sol

Ha de seguir llamándose sol?

¡Pido que se llame Micifuz

El de las botas de cuarenta leguas!

 

¿Mis zapatos parecen ataúdes?

Sepan que desde hoy en adelante

Los zapatos se llaman ataúdes.

Comuníquese, anótese y publíquese

Que los zapatos han cambiado de nombre:

Desde ahora se llaman ataúdes.

 

Bueno, la noche es larga

Todo poeta que se estime a sí mismo

Debe tener su propio diccionario

Y antes que se me olvide

Al propio dios hay que cambiarle nombre

Que cada cual lo llame como quiera:

Ese es un problema personal.

Nicanor Parra

al piso

“Todo está por el suelo” se me repetía en la cabeza como un sonsonete cuando pensaba en qué escribir sobre esta exposición, porque no fui a la inauguración y no hablé con los artistas de lo que iban a hacer. Lo tenía como sonsonete porque me gustó que no había nada pegado a la pared. En su lugar, un plotter en el piso para entrar mirando hacia abajo. Todo Está por el Suelo, en letra trademark Antonio Caro. Me acordaba de eso.

Todo Está por el Suelo fue una exposición en el gabinete de Flora. Nunca la vi, pero el nombre se me quedó como esos datos/ ruido blanco que se acumulan producto de consumir cultura en la vida bogotana. Me delatan en mi atención y mi forma de conocer y saber del mundo: me gustan los títulos. Me quedo con ellos y sé de las cosas en su superficie y sus nombres. Me encanta el chisme.

En nombre de esa superficialidad vi todo el video (6 minutos) que hay en la página de Flora sobre Todo Está Por el Suelo. José Roca introduciendo a un artista siempre me deja la sensación de que ha dicho muchas veces lo que está diciendo. El artista hablando de su proyecto con una sencillez bonita; El Maestro sabe vocalizar a pesar de sus problemas dentales. Planos y planos de la inauguración con mucho espectador. Por las caras que veo deduzco que es Flora entre 2013 y 2014. Juego a reconocer voces y espaldas. Se acaba el video.

Todo Está por el Suelo es una colección de camisetas puestas en el piso. Me imaginé durante todo este tiempo que el título era una parábola de la importancia de la agricultura. Pensaba que tenía un tono político de reforma agraria.

Ahora vuelvo a ver el registro de la exposición de Flora en la página: La O de “Suelo” es un maíz. Por eso siempre pensé que la frase era un regaño del tipo “Niña, a ver, todo está por el suelo por tu culpa. ¿No te das cuenta de que la reforma agraria es necesaria? Vota por Petro.” O del tipo “Todo lo importante está en el suelo; vuelve a la madre tierra”. Es decir, pensé que Caro había hecho un pequeño giro en su enfoque actual (Casas Riegner) para acoplarse al programa agrónomo de Flora. Pero no, no. Simplemente las camisetas estaban por el suelo. El maíz que es una O me tiene aún perpleja.

A Linda la conocí trabajando en Flora. En esa época tenía el pelo casi rapado. A Sebastián lo conocí cerca del momento en que se ganó Artecámara y lo obligaron a ir a Flora. De Mario supe que estuvo en Escuela Flora y a Laura la conocí en el montaje de esta exposición en la que puso flores en el piso. Quiero darle gracias a por no poner sus floreros en repisas. Quiero darle las gracias a Linda por hacer evidente que en Los Andes hay insectos. Quiero darle las gracias a Sebastián porque nunca he sentido la necesidad de preguntarle qué significa lo que hace.

Inés Arango

 

 

 

un rato

Se entra pisando el título que es “Mis Zapatos Parecen Ataúdes”. Hay lugares donde los ataúdes son literalmente zapatos. Las flores, que estuvieron muy olorosas ¿Honrarán la memoria de qué muerto? Las moscas que luego vinieron ¿Son bioindicadores de vida o de muerte? Igual a esa sala no mucha gente se asoma. Volando por la sala, las moscas traen la vida al tiempo que la muerte, lo que se está descomponiendo lo está haciendo desde siempre, lo que se esta gestando también. Un huevo parecería un intermedio entre la vida y la muerte, pero si lo estamos viendo así, suspendido en el pensamiento, significa más bien que lo que hay es muerte ¿no? Ese huevo quiere sal. Me aterra pensar huevos fuera de los múltiplos de 6. Los cartones, además de servir para aislar el sonido, nos separan de la angustia que produce la barbarie. Eso hace el diseño industrial básicamente. En todo caso, con todo y diseño, no es posible, a la larga, vivir con las cosas desagregadas, esos huevos se sirvieron con esas frutas, en esa mesa, con esas flores. Todo muerto se lleva sus cosas, así sean pocas. El espacio de la vida humana para muchas es el lugar mismo de las otras vidas: no hay un plano de conciencia cero, sino unos continuos de los que se va y se viene de entre capas de realidad. Lo que hay son ondulaciones y pliegues, y arrugas y lisuras, todo ahí, en potencia de descolgarse, de permanecer. Los espacios privilegiados para la vivencia no es posible contenerlos en salas de proyectos de arte de universidades privadas clavadas en la montaña de una ciudad capital. Lo necesario es abrir esos espacios bien grande para poder traer y sacar lo que haga falta allí. Sentirse los zapatos como ataúdes sirvió en esta ocasión para salirse de este mundo por un rato, menos mal solo por un rato.

Nicolás Vizcaíno